dimecres, 9 de febrer de 2011

Atención y productividad (Jaime Bacás rrhhmagazine)

Te invito a realizar una prueba de medición de tu atención.

Pulsa en el vídeo y contesta la siguiente pregunta: ¿cuántos pases realiza el equipo vestido de blanco? Sólo tienes una oportunidad. Cuando hayas terminado con el vídeo sigue leyendo […]

http://www.youtube.com/watch?v=YcOhyR_QgPo

Lo más probable es que hayas acertado la respuesta (trece pases) y, también, que no hayas visto al oso bailar al estilo que creó Michael Jackson en su disco Moonwalk.


¿Adónde diriges tu atención?

Conocer la respuesta a esta pregunta es clave para los que creemos que la productividad no depende de la gestión del tiempo, sino de la gestión de lo que hacemos, es decir, de nuestras acciones.

Porque tus resultados son función directa de las acciones que eliges realizar. Y las acciones que realizas son función de donde eliges enfocar tu atención. Es decir, tus resultados dependen de donde enfocas tu atención.

La atención es un recurso limitado. Si te enfocas en una cosa no verás otra. Por tanto, tu elección previa determina los resultados que vas a conseguir. Y, además, no puedes mantener el mismo nivel de atención desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde. Tu capacidad de atención disminuye con su utilización. Tu cerebro emplea enormes cantidades de energía cuando realizas tareas laborales que involucran los procesos mentale principales de comprensión, decisión, recuerdo, memorización e inhibición.

Tomemos un ejemplo bien conocido: La gran mayoría de los individuos poseemos un biorritmo que nos ofrece nuestra mayor capacidad de atención y de energía a primera hora del día.
Capacidades que disminuyen conforme avanza la jornada y las vamos consumiendo.

Pues bien, la primera tarea que realiza el 85% de los trabajadores de la sociedad del conocimiento es conectar su ordenador y procesar correo-e. Eligen enfocar su atención en una tarea rutinaria, sencilla y que aporta muy poco valor. Muchos, además, se quedan un buen rato resolviendo tareas relacionadas con los contenidos de esos correos y otros continúan con exploración de noticias en diarios o por las redes sociales.

En resumen, emplean su franja de mayor capacidad de atención y energía en tareas que aportan un bajo nivel de valor. Un gran desperdicio de su productividad.

¿Para qué eliges enfocar tu atención en lo más reciente?

La conducta anterior suele ir asociada a la de mirar tu correo-e a final de la jornada. Así, cuando procesas correo-e a primera hora, estás leyendo el que has recibido… ¡durante la noche!

Concedes tu prioridad de ejecución a lo que, prácticamente, acaba de suceder.
Se trata de un patrón bien establecido y repetido a lo largo de la jornada, durante la cual permites y toleras distracciones e interrupciones que traen nuevas tareas que eliges ejecutar “en el acto”, dejando en suspenso la que estás realizando en ese momento.

A veces, incluso, dejas a alguien con la palabra en la boca para atender la llamada del móvil, el mensaje entrante o el “¿tienes un minuto?”.

El impacto de este patrón tan extendido – y socialmente aceptado (?) – tendría poca relevancia si no fuera por la enorme frecuencia con que se produce. Frecuencia de la que eres inconsciente debido a su transparencia de tanto repetirla.
A favor de esa tendencia por lo más reciente o nuevo también colabora la “curiosidad” natural de nuestro cerebro.
 
El orden sí importa
Si lo que pretendes es incrementar tu productividad conviene que prestes atención al orden en el que ejecutas tus tareas o acciones durante la jornada de trabajo.

En primer lugar elige realizar la tarea más importante (la que más valor aporte) en el momento en que tus niveles de atención y energía sean más elevados. Análogamente, reserva o agenda las acciones menos importantes (las que aportan menos valor) en los momentos valle de atención y energía.

En segundo lugar no permitas que tus niveles de atención y energía “caigan” continuamente. Recupéralos. Recarga esos dos recursos, periódicamente durante la jornada, para que sus niveles no sean tan bajos que no te permitan desarrollar eficientemente otras tareas de cierta importancia durante el resto del día. Es necesario que te tomes una pausa de cinco o diez minutos cada 60-120 minutos de trabajo sin pausa.

Tony Schwartz dice que los trabajadores de la sociedad de conocimiento no somos corredores de fondo, sino ‘sprinters’; que tu productividad se maximiza notablemente enfocándote y concentrándote en la ejecución de una acción durante un bloque de tiempo de esa duración y, recuperando, con una pausa para volver a repetir ese patrón a lo largo del día.

Las personas que mantienen la mentalidad de gestión del tiempo, no se permiten pausas, porque consideran que “pierden el tiempo” si no trabajan sin parar. No se dan cuenta que su productividad (atención y energía, es decir, resultados) no es la misma a las ocho de la mañana, a las doce, a las cuatro o a las siete de la tarde.
Estas personas miden su productividad por el número de tareas realizadas por hora o durante la jornada de trabajo: “hoy me he quitado quince tareas”. No les oirás decir “hoy he realizado las cuatro tareas que más valor aportan de entre todas las de mi lista de tareas pendientes”.

¿Y tú… para qué vas a la oficina?

El cambio conductual sólo es posible cuando, antes, cambias tu creencia sobre lo que es productividad.
Mientras no te des cuenta que la medición de la productividad se relaciona, directamente, con la cuenta de explotación de tu empresa, seguirás “yendo a trabajar” y, lo que es aún peor, “trabajarás mucho”.

El día que te des cuenta que la productividad tiene que ver con el valor que aportan tus acciones (a la cuenta de explotación) te preguntarás antes de ejecutar una tarea: ¿Cuál es la acción que más valor aporta (entre todas las que tengo en mi lista de tareas pendientes) considerando mi nivel actual de atención y energía?

Si tienes alguna duda pregúntale a tu jefe: ¿Estoy en nómina para trabajar o  para conseguir?

“Tus circunstancias actuales no determinan adónde puedes llegar; sólo determinan tu posición de salida” - Nido Qubein

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