dimarts, 29 de maig de 2012

El arte de conversar en la era del tuit. Josep Playà (La Vanguardia)

Las nuevas tecnologías cambian las formas de comunicarse y la gran pregunta es si van en detrimento de la conversación clásica, cara a cara, verbal, presencial. Preocupan los usos comerciales, el tiempo que roban y la dependencia que crean las redes sociales como Twitter o el servicio de mensajería instantánea Whatsapp.
La sala Razzmatazz de Barcelona estaba llena a rebosar. Sucedió hace dos semanas. Los asistentes esperaban el inicio del concierto, cuyo plato fuerte era el grupo Antònia Font. Para facilitar la espera, una pantalla gigante proyectaba videoclips e iba pasando bajo la imagen los tuits que le enviaban desde la sala. En uno de ellos se pudo leer: "Tengo una chica guapísima a mi lado. Espero que
me diga alguna cosa".

Es una anécdota. Claro. Puede ser una curiosa forma de ligar. Pero refleja también de qué manera los nuevos medios de comunicación pueden sustituir el diálogo verbal. Empezó con los correos electrónicos, vía ordenador; más adelante vinieron los SMS, a través del móvil; y después ha llegado una larga sucesión de nuevas fórmulas, desde el WhatsApp al Twitter. Y la gran pregunta es si van en detrimento de la conversación clásica, cara a cara, verbal, presencial. Esa que permite al analista de la comunicación Sebastià Serrano decir que, "si dedicamos un mínimo de tres cuartos de hora al día a la conversación, seremos más felices". Es la "noble conversación" definida por Gracián o la "dulce conversación, banquete del entendimiento, manjar del alma, desahogo del corazón, logro del saber, vida de la amistad y empleo mayor del hombre", según Sócrates.

Jordi Sánchez Navarro, profesor-investigador en comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), considera que "tanto Twitter como los otros sistemas de mensajería instantánea refuerzan la conversación". En su opinión las nuevas tecnologías potencian y dan más complejidad a los modelos de información y en ningún caso los sustituyen. "Permiten conversar con gente a distancia y establecer vínculos comunicativos, aunque sean virtuales, con personas desconocidas". Permiten también tener acceso a información inimaginable hace unos años porque "vivimos en un universo multimedia".

El sociólogo Manuel Castells dice que "vivimos en la virtualidad real" y en estas mismas páginas ha afirmado con rotundidad que hemos pasado "del estado vegetativo de mirar la televisión a la hiperexcitación interactiva del entorno digital".

Sánchez Navarro aporta una segunda consideración: "En contra de lo que señalaban algunos apocalípticos, la cultura escrita no está condenada a la desaparición sino que gana peso". Se escribe más, incluso entre los jóvenes, que continuamente envían mensajes. "Lo único que se puede decir es que esta cultura escrita tiende a la oralidad, a veces presta poco interés a la gramática, se resume, se simplifica". Y añade: "El placer de conversar cara a cara se mantiene, no en vano una de las frases más repetidas al final de muchos chats es 'a ver si nos vemos'". En las encuestas a los jóvenes, a la pregunta de si prefieren un amigo o un móvil, la respuesta mayoritaria es un amigo.

El arquitecto Pere Riera, profesor jubilado de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), es autor de un artículo titulado precisamente Elogi de la conversa, publicado en la revista Transversal en el año 2000. En él distinguía tres tipos de conversaciones: verticales, cuando son con la autoridad, ya sea padre, maestro o dios; bipolares y dialécticas, cuando reflejan un debate de poder (reuniones, asambleas...); y de sobremesa, ligeras, multipolares, interactivas. ¿Y dónde situaría los chats o los intercambios de mensajes? "Se acercan más a las conversaciones horizontales, igualitarias, sin intermediarios, aunque ciertamente se establecen con formas distintas a las conversaciones de sobremesa, homéricas, mediterráneas, con una mayor carga de sensibilidad".

Según este arquitecto, en cada estadio de la humanización el paso de un tipo de comunicación a otra, de la oral a la escrita y de esta a la visual, ha supuesto pérdidas y ganancias, "es la dinámica del cambio". Las aportaciones de las nuevas tecnologías "representan un cambio cultural, una amenaza y una oportunidad, de lo que se trata es de que sean utilizadas de manera favorable". Entre las ventajas cita el acceso a la información instantánea, la rapidez, el que nos permita ser más autónomos y franquear las barreras geográficas. Pero también es consciente de que "hay mucha basura, mucha repetición, de que pueden y son utilizados con fines comerciales, de que ocupan una parte importante de nuestro ocio, pero al final, como siempre, todo se remite a la elección del individuo.

Sánchez Navarro tampoco niega "los efectos indeseables" asociados a estas nuevas tecnologías. "Tienen una capacidad de captarnos que puede provocar dependencia". También reconoce que los iPads, los móviles, los ordenadores "roban" tiempo y puede ir en detrimento de otras necesidades educativas. Aun así, recuerda que hace años se dijo que "la televisión había acabado con las conversaciones familiares" y ahora se repite lo mismo sobre el móvil. "A veces me pregunto, cuando veo a los jóvenes que en su casa están más pendientes del móvil o del ordenador, si es que quizá les interesa más lo que allí encuentran que lo que se comenta en la familia".





De las tertulias de café a las consultas de wi-fi

El escritor Néstor Luján publicó hace veinte años un artículo sobre “la hecatombe de los cafés”. Se refería a la desaparición de los bares históricos de Barcelona (café de la Rambla, terraza del Colón, Maison Dorée, café Catalunya, La Lluna) y de sus populares tertulias. “Gente de tertulia significaba personas ingeniosas o que hablaban muy bien, porque dominaban el arte de expresarse. Pero todo esto hoy no está de moda –sólo hace falta oír cómo habla la gente en la televisión– y ya empezaba a pasar de moda cuando yo era joven”. La amenaza sobre las conversaciones ya existía entonces, cuando internet empezaba sólo a desplegarse.

En el café-librería Laie, de la calle Pau Claris, aún se organizan tertulias. Una cada mes en la que el invitado explica los libros que más le han influido. Debutó Ferran Mascarell y el próximo martes le toca a Zubizarreta. También organizan dos veces al mes encuentros con editores (los llaman táperbooks). Y luego hay las tertulias espontáneas, como las del club de lectura Catalan Shakespeare Society. Conxita Guixà, directora de las librerías Laie, reconoce que desde que tienen wi-fi “es más habitual ver a gente sola, con su ordenador”, de la misma forma que se venden menos libros. “El pastel del ocio está más repartido”.

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